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Una de las disciplinas que más atrae a los fotógrafos de naturaleza, ya sean aficionados o profesionales, es la fotografía de fauna en acción. Poder plasmar en el fotograma una faceta del comportamiento del animal retratado, supone para el fotógrafo todo un reto, que conlleva en la mayoría de los casos un buen uso de la técnica, y por supuesto, un exhaustivo conocimiento de las costumbres y el comportamiento de la especie que se pretende fotografiar. La fotografía de aves en acción implica un paso previo e imprescindible, antes de abordar la jornada de campo con la cámara a cuestas. Supone pasar muchas horas de observación, localizando especies, sus territorios habituales, lugares donde se alimentan,… En el caso de las aves, sus posaderos más frecuentados, zonas de caza, lugares de cría, dormideros, abrevaderos de agua, etc. Todo este tiempo empleado, beneficiará a la futura sesión fotográfica, haciendo que las probabilidades de éxito sean más elevadas. Una vez realizado este paso previo, podemos afrontar el reto de captar las primeras imágenes de nuestra especie elegida.

 

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En primer lugar, hemos de elegir el sitio más adecuado para la colocación de nuestro escondite fotográfico, desde donde abordaremos el trabajo. Hay que tener en cuenta varios factores a la hora de elegir su emplazamiento. La orientación con respecto a la salida del sol, los fondos más adecuados, son algunos de los factores a tener en cuenta. No hay que renunciar, ni mucho menos, a hacer fotos en días nublados, con fuertes lluvias, o incluso nevando. Estos fenómenos meteorológicos pueden añadir a la imagen un mayor dramatismo.

Si es posible, y las circunstancias lo permiten se puede dejar el hide (escondite en inglés) varios días, incluso semanas en la zona de trabajo. Las aves recelarán mucho menos, y su comportamiento no se verá influenciado por nuestra presencia.

 

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La elección del equipo fotográfico, dependerá muchas veces de la distancia a la que trabajemos, de la especie a retratar, y como no, de nuestro bolsillo. Lo más frecuente es el uso de teleobjetivos con distancias focales con un mínimo de 300 mm. Cierta especies requieren el uso de un 500 o un 600. Estas lentes, pueden ir acompañadas del uso de duplicadores que multipliquen su potencia, con el inconveniente que perderemos algo de luminosidad con su utilización.

Los zoom son una buena alternativa a los grandes teleobjetivos fijos. Suponen una ventaja a la hora de componer la imagen, aunque su problema en su peor calidad óptica y su menor luminosidad, lo que nos obligará a subir la sensibilidad, o disminuir la velocidad de obturación.

La cámara depende mucho de nuestro presupuesto. Hoy en día hay muchos modelos válidos, con calidad más que aceptable y con gran cantidad de megas de archivo.

Es preferible para fotografiar la acción, cámaras con una elevada velocidad de fotogramas por segundo. Ocho fotos por segundo, o más, es lo ideal para poder captar una secuencia y poder elegir la mejor imagen

 

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Si la especie a fotografiar, no se encuentra todavía en nuestro archivo fotográfico, no está demás realizar algunos retratos, que servirán para complementar el reportaje de la especie, siempre cuidando aspectos como la iluminación, composición, fondos, posaderos, etc.

Una vez retratado, se nos plantea el reto de poder captar aspectos más diversos del comportamiento del ave, intentando siempre que la foto nos transmita alguna historia o alguna sensación.

Teniendo muy en cuenta el comportamiento de la especie, el hábitat donde desarrolla sus actividades y el tamaño del animal se nos plantean varias formas de abordar la sesión fotográfica dependiendo el tipo de imagen que tengamos en mente.

Algunos de los retos que se nos plantean llegado el momento podrían ser:

La fotografía de aves en vuelo, peleas por el territorio o la comida, aterrizajes o despegues desde un posadero fijo, fotografía de alta velocidad con la ayuda de iluminación artificial, etc

Cuantas más sesiones dediquemos al animal, más profundizaremos en sus costumbres, y podremos anticiparnos a muchos de sus movimientos, haciendo más fructífera la sesión fotográfica.

Sería muy extenso abordar cada una de las técnicas que se pueden usar para fotografiar aves en acción y no es la intención de este texto.

Desarrollaré brevemente una de las técnicas que ofrece resultados más espectaculares, la fotografía de aves en alta velocidad con el uso de flash.

Se fundamenta en el uso de iluminación artificial, en este caso, varios flashes trabajando en función manual en escalas de potencia reducida. La cantidad de luz que desprende un flash depende de su potencia (número guía) y de la duración del destello.

La mayoría de modelos  cuentan con varias escalas de potencia manual,  desde la potencia total 1/1 hasta 1/64 ó 1/128 de la potencia máxima. Cada escala aportará un tiempo de exposición lumínica fijo y siempre de la misma potencia, gracias a que estamos trabajando en modo manual.

 

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Estas son, aproximadamente, las duraciones del destello dependiendo de la escala de potencia:

 

1/1 ………….1/1000 segundos

1/2 ……….. ..1/1100 segundos

1/4  …………1/2500 segundos

1/8 ………….1/5000 segundos

1/16 …………1/8700 segundos

1/32 ………….1/12.000 segundos

1/64 ………… 1/25.000 segundos

 

 

En ausencia de luz solar directa, o en lugares oscuros, con el uso de sensibilidades bajas y diafragmas cerrado (f 11 en adelante), será la duración del destello del flash el que marque la velocidad real de obturación. Es muy sencillo de entender y pondré un ejemplo para que el que tenga alguna duda. Si en una habitación a oscuras, y con un murciélago dando vueltas frente a nosotros, hacemos una obturación con nuestra cámara de cuatro segundos, no registraremos nada en la imagen. Si durante esos cuatro segundos, disparamos el flash a un 1/16 de potencia, la velocidad a la que habremos conseguido parar el animal en vuelo sería de 1/8700 segundos.

En el campo, toda esta teoría, se vuelve algo más compleja de desarrollar. Hay que usar varios flashes para iluminar correctamente el ave, e incluso alguna unidad puede ser necesaria para iluminar los fondos. Hay que cuidar mucho el escenario. De nada nos sirve congelar el ave en un perfecto vuelo si luego aterriza sobre una rama fea y rota.

Los flashes han de estar separados de la cámara con la intención de que la luz que incida sobre el sujeto de sensación de volumen.

 

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Siempre ha de existir una diferencia de al menos dos o tres diafragmas, entre la iluminación ambiental y la luz que proporcionan los flashes.

Para disparar la cámara en el momento adecuado hay varias opciones y mecanismos en el mercado.

Un elemento que suele usarse en este tipo de fotografía son las barreras de infrarrojos. Las hay de muchos tipos y marcas. Las más utilizadas son las llamadas de rebote directo. Sólo constan de emisor, no de una pareja emisor-receptor. Es el mismo emisor, conectado a la cámara, el encargado de realizar la obturación al detectar el rebote de la señal cuando el animal cruza por delante del haz de infrarrojos. El uso de estos dispositivos es algo complejo si no se está familiarizado con ellos. Existe siempre un leve retardo desde que el ave corta el haz hasta que se captura la foto. Hay cámaras en las que este retardo es bastante alto y hay que situar la barrera en una posición más retrasada e, incluso, fuera del propio encuadre del fotograma. Todo depende de la velocidad del ave a retratar.

Hay situaciones en las que el uso de la barrera no es posible y podemos echar mano de cables disparadores o controles remotos por radio.

Todas estas técnicas requieren de una gran cantidad de equipo y conocimientos, y todo esto podría suponer molestias innecesarias para el ave. Si no se está seguro de lo que está haciendo, siempre hay que anteponer el bienestar del animal a la foto

 

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Ramón Navarro

 

Fotógrafo profesional

HIGHLY COMMENDED BBC AWARD 2008

 


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